LA SEGURIDAD DEL PACIENTE

En Marzo se publicó el siguiente artículo que os dejo en el Blog especializado Criminal Fact. Podéis encontrar el enlace también en la pestaña Artículos. Pero os lo hemos querido dejar también aquí como Entrada en nuestro blog.

La OMS estima que, cada año, a escala mundial, decenas de millones de pacientes son víctimas de lesiones discapacitantes o mueren como consecuencia directa de prácticas médicas peligrosas. En Europa solamente, como promedio, uno de cada 10 pacientes hospitalizados ha resultado víctima de alguna forma de daño prevenible. Sin embargo, se necesitan más investigaciones a fin de conocer más a fondo el impacto total de la escasa seguridad del paciente.

La Seguridad del Paciente (SP), o el intento consciente de evitar lesiones al mismo causadas por la asistencia, es un componente esencial de la Calidad Asistencial y la condición previa para la realización de cualquier actividad clínica. Solo recientemente, a la luz de datos objetivos y a raíz de la lucha y el activismo por parte de Asociaciones de Pacientes y Profesionales Sanitarios y de otros sectores dedicados a dar visibilidad a este problema, ha comenzado a considerarse una cuestión primordial en la práctica sanitaria.

El principio «Primum Non Nocere» subyace a cada acto asistencial, por lo que podríamos asumir como principio básico que cada profesional es un sujeto competente y responsable que tiene como base de su actuación no generar daño. A pesar de ello, y por la cada vez mayor complejidad de la atención, el componente humano individual interactúa con varios factores: propios del paciente, de las tareas o procedimientos, de la estructura físico ambiental (que incluye el material, el equipamiento técnico y el lugar físico donde se produce la asistencia) o de la organización; todo ello causas de que los eventos adversos puedan presentarse de forma más frecuente de lo deseado.

En Octubre de 2004, la Alianza Mundial para la Seguridad del Paciente fue puesta en marcha por la OMS. Creada con el propósito de coordinar, difundir y acelerar las mejoras en materia de seguridad del paciente en todo el mundo. La Alianza es un medio que propicia la colaboración internacional y la acción de los Estados Miembros, la Secretaría de la OMS, y expertos, usuarios y grupos de profesionales y de la industria.

Como decimos, según la OMS, los eventos adversos pueden estar en relación con problemas de la práctica clínica, de los productos, de los procedimientos o del sistema. La mejora de la seguridad del paciente requiere por parte de todo el sistema un esfuerzo complejo que abarca una amplia gama de acciones dirigidas hacia la mejora del desempeño; la gestión de la seguridad y los riesgos ambientales, incluido el control de las infecciones; el uso seguro de los medicamentos, y la seguridad de los equipos, de la práctica clínica y del entorno en el que se presta la atención sanitaria.

En España, en el año 2006, se realizó el estudio ENEAS (Estudio Nacional sobre los Efectos Adversos ligados a la Hospitalización) y en su informe, se revisaron 5.624 historias clínicas, en distintos hospitales españoles. Los autores detectaron un 8.4% de eventos adversos de los cuales un 42.8% se consideraron evitables, y se encontró un 4.4% de muertes, extrapolando estos porcentajes a los 4.6 millones de hospitalizaciones para el año del estudio, arrojó 7.388 muertes evitables al año en España. Dato significativo y que alerta de la evidente necesidad de mejorar la SP.

Caben destacar 2 dimensiones dentro de la Calidad Asistencial, dos de indudable trascendencia:

La atención centrada en el paciente, pensando en el mismo más que en los que la facilitan.

La seguridad del paciente que implica practicar una atención libre de daños evitables, lo que supone desarrollar sistemas y procesos encaminados a reducir la probabilidad de aparición de fallos del sistema además de errores de las personas y aumentar la probabilidad de detectarlos cuando ocurren y mitigar sus consecuencias.

En España, en el marco de la nueva Estrategia de Seguridad del Paciente para el periodo 2015-2020, se ha incluido como objetivo específico fomentar la formación básica en seguridad del paciente de todos los profesionales sanitarios.

Es frecuente confundir, incluidos los medios de comunicación al informar sobre noticias médicas, términos como «efecto adverso», «complicación» o «error médico». Y es importante aclarar que no son conceptos sinónimos:

Efecto adverso, es todo accidente imprevisto o inesperado, que acaece durante el tratamiento de un paciente en el hospital, que le causa una lesión y/o incapacidad y/o prolongación de la estancia y/o muerte y que se deriva de la asistencia sanitaria y no de la enfermedad de base del paciente. Por ejemplo, si un paciente sufre un empeoramiento tras una intervención quirúrgica y ese empeoramiento era previsible debido a un riesgo de base del paciente y no se tomaron las oportunas medidas de prevención y cuidados, podríamos estar hablando de un efecto adverso evitable Mala Praxis, y por ende, de negligencia médica. Sin embargo, si esa persona no tenía riesgo de empeoramiento y aún así y todo lo sufre, pues se considera un efecto adverso inevitable. El 50% casi de los efectos adversos que sufren los pacientes, pertenecen al primer grupo, es decir, evitables, y por lo tanto, se deben en su mayoría a errores médicos.

Una complicación es la alteración del proceso natural de la enfermedad, derivada de la misma y no provocada por la actuación médica.

El error médico en sí mismo es un concepto como vemos diferente, ya que se refiere a la conducta (inapropiada) del profesional médico, que puede producir una lesión o incluso la muerte por IMPERICIA, IMPRUDENCIA O NEGLIGENCIA. La negligencia es un acto u omisión por parte del profesional que se desvía de los estándares aceptados por la lex artis, es decir, es una mala praxis.

En el Estudio Nacional sobre los Efectos Adversos ligados a la Hospitalización mencionado anteriormente, se definen 33 posibles efectos adversos, que se inician con el más grave, la posibilidad de la muerte del paciente: el «exitus», mortalidad innecesariamente precoz y sanitariamente evitable, siempre que no esté relacionada con la historia natural de la enfermedad y sí esté relacionada con cualquier otro de los efectos adversos definidos. Ni el pronóstico, ni la gravedad del paciente, ni la edad la hacía previsible. Está en el ánimo de toda la comunidad sanitaria, social y política minorar el alto porcentaje de errores médicos que el paciente sufre, pero la realidad es que a día de hoy son bastante elevados sobre todo en hospitales pequeños. En un estudio médico de 2004 dirigido por Jesús M.ª Aranaz Andrés Julián Vitaller Burillo en Valencia, se alertaba de la necesidad de iniciar estudios para conocer la magnitud de este problema (efectos adversos evitables) y, establecer programas que disminuyan la incidencia de los mismos e incrementen la seguridad de los pacientes y la calidad de la asistencia para disminuir el impacto en la salud pública de la llamada epidemia oculta de los errores médicos.

Pues bien, una vez estudiado el panorama a nivel sanitario, resumidos conceptos básicos como seguridad del paciente, efectos adversos, calidad asistencial, errores médicos o negligencias, y vista la incidencia de los mismos en los estudios médicos, es preciso hacer un resumen desde el punto de vista legal para entender cómo se castigan, penalmente hablando, dichos errores médicos evitables y que causan un daño más o menos grave al paciente que, en principio, no tiene el deber de soportar, un riesgo que no tiene el deber de soportar. Y para este estudio legal, nos tenemos que ir a la figura de la IMPRUDENCIA PROFESIONAL, dondese encuadran las negligencias médicas. Entre las reformas legislativas que se materializaron en 2015, una de las que ha tenido mayor relevancia ha sido la Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, por la que se modifica el Código Penal, cuyas novedades afectaron bastante al ejercicio de la profesión sanitaria.

Desde el punto de vista legal, la indefinición de lo que sea una imprudencia profesional ha dado muchos quebraderos de cabeza en cuanto a interpretación.

Para algunos como RODRÍGUEZ DAVESA la imprudencia profesional se basa en la impericia, que consiste en la incapacidad técnica para el ejercicio de una profesión o arte: por eso los términos de impericia y negligencia profesional deben entenderse como sinónimos.

Sin embargo otros, como SAINZ CANTERO, distinguen con mejor precisión entre la impericia profesional o ausencia de experiencia práctica, habilidad o conocimientos propios para el ejercicio de la profesión de que se trate; y la negligencia profesional que sería el olvido de las normas de prudencia técnica impuestas a los profesionales en la ejecución de los actos de su profesión y que hacen gravitar sobre ellos una exigibilidad superiores de sus deberes específicos de cuidado. Y así lo ha venido entendiendo la Doctrina y la mayor parte de la Jurisprudencia. Esto es, que el obrar la persona requiera una profesionalidad o una técnica propias de la profesión de que se trate y de las que carece (impericia) o se olvida o ejecuta descuidadamente (negligencia) el sujeto que la ejerce, practicándola con manifiesta peligrosidad y creando un plus de antijuricidad, como así declara expresamente el Tribunal Supremo (STS 4-9-91).

¿Cuál es entonces el Posicionamiento Jurisprudencial del Tribunal Supremo con respecto a la imprudencia profesional?

La sentencia de 29 de Noviembre de 2.001 ( Sentencia 2252/01) establece que los requisitos penalmente relevantes de la imprudencia se pueden resumir así:

a) existencia de acción u omisión voluntaria pero no maliciosa

b) un elemento psicológico consistente en el poder o facultad del agente de poder conocer y prevenir un riesgo o peligro susceptible de determinar un daño

c) un factor normativo que consiste en la infracción de un deber objetivo de cuidado en el cumplimiento de reglas sociales establecidas para la protección de bienes social o individualmente valorados y que constituye la base de la antijuricidad en la conducta imprudente

d) causación de un daño

e) relación de causalidad entre conducta descuidada e inobservante de la norma objetiva de cuidado como originario y determinante del resultado lesivo sobrevenido

STS 14-2-1997 entre otras.

La imprudencia (sanitaria), podríamos decir pues, que nace cuando el tratamiento médico o quirúrgico se basa en comportamientos descuidados, digamos, de abandono y de omisión del cuidado exigible, atendidas las circunstancias de lugar, tiempo, personas y naturaleza de la lesión o enfermedad, que, olvidando la lex artis, conducen a resultados lesivos para las personas.

Para terminar, destacar que dos figuras delictivas que, con mayor incidencia, se presentan en el ejercicio diario de la profesión sanitaria, son los delitos de homicidio por imprudencia profesional y los delitos de lesiones por imprudencia profesional (artículo 142.1 y 152.1 respectivamente del CP) castigados con penas de prisión de mayor o menor calado, inhabilitación profesional y multas.

Las negligencias médicas, como vemos, son objeto de estudio a nivel sanitario con el fin de erradicar su impacto en los pacientes. Es, por otro lado, una preocupación constante en la práctica sanitaria diaria, ya que los resultados lesivos de las mismas conllevan consecuencias, a veces, irreparables tanto para pacientes como para profesionales médicos.

* Publicado por:

María Emilia de Sousa

* Referencias destacadas:

OMS. Recomendaciones y Artículos. https://www.who.int/patientsafety/es/

PATIENT SAFETY AND SAFETY CULTURE. Dr. Cristián Rocc. Departamento de Anestesiología, Clínica de las Condes. Santiago, Chile. Dr. Alejandro Garrido. Anestesiología Hospital Universitario Gregorio Marañón.

Estrategia de Seguridad del Paciente del Sistema Nacional de Salud. Período 2015-2020. SANIDAD 2016 MINISTERIO DE SANIDAD, SERVICIOS SOCIALES E IGUALDAD

Jurisprudencia TS y CP

De las complicaciones y efectos adversos a la gestión de los riesgos de la asistencia sanitaria. Estudios Médicos. Dirección y Coordinación Jesús M.ª Aranaz Andrés Julián Vitaller Burillo.

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