DERECHOS EN EL PARTO

En este post, Derechos en el Parto, trato una de la violencias contra las niñas y mujeres más negadas a nivel global y mundial: la violencia obstétrica. Con motivo del 25 de Noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, demos visibilidad a todas y cada una de sus formas. No seamos cómplices. Espero vuestros comentarios aquí o en mis rrss.

 

LA MUJER Y LOS DERECHOS EN SU PARTO I

“Mientras tanto gremialmente se intentan, no tanto soluciones, (que quizá no existan porque toda solución pueda llegar a ser solución clarificante) como salidas. No me parece mal:  las salidas tienen menos dignidad aparente que las soluciones, pero también son menos peligrosas. Es prudente buscar salidas y arriesgado buscar soluciones; culpable nadie quiere serlo. Las   “salidas” provienen por lo general más del ingenio y de la demanda  que de la reflexión”
 Amelia Valcárcel

Empezar este artículo me está resultando muy complicado. Porque es jugar en tierra de nadie pero donde todos y todas tenemos voz, voto, conocimientos (fundamentados o falsos), atrevidas sugerencias y, sobre todo, mucha, mucha “opinología”. Realities, shows, news, fakenews, FB, TW, IG… todos y todas sabemos qué es un parto normal (digo parto normal con la evidencia científica en la mano, por lo que, en contraposición, todos y todas conocemos también cuándo dicho parto deja de ser normal y requiere de intervención médica tal y como los/as sanitarios/as nos puedan estar explicando de mejor o peor manera) y todos y todas sabemos en qué momento podemos decir basta y hacer valer nuestros derechos, o por el contrario, entendemos que no hay derechos que hacer valer ya que nuestros cuerpos pueden ser siempre intervenidos en aras y en beneficio de un interés supremo, el del feto, para lo que no se requiere ni siquiera nuestra opinión. Todos/as sabemos, todos/as opinamos, todos/as silenciamos.

Empezar este artículo es parecer ser una irresponsable que juega a luchar contra los/as sanitarios/as que tan gran trabajo hacen. Es juzgarles. Pero nada más lejos de la realidad. Os invito a leer mi último artículo en este mismo blog para entender que no trato de demonizar a la comunidad sanitaria y día a día trabajo con muchos/as a los/as que admiro y respeto profundamente, sino que pretendo esclarecer DÓNDE ESTÁN LOS LÍMITES ENTRE SU ACTUACIÓN Y NUESTROS DERECHOS COMO MUJERES USUARIAS DE LOS SERVICIOS DE SALUD REPRODUCTIVA Y SEXUAL, ESPECIALMENTE DURANTE EL PARTO. Que la medicina salva vidas es indudable, pero que tal y como se ha conformado el sistema en el que vivimos, estructuralmente hablando, las mujeres no hemos tenido voz en muchas de las cuestiones que nos atañen directamente, también es indudable. Así como lo es el hecho de que desde los años 70 la alta medicalización y apropiación sanitaria de los embarazos y partos han ido in crescendo hasta llegar a un punto en que los hemos convertido en patológicos o en enfermedades y puestos a disposición de la comodidad y del ego de muchos/as sanitarios/as sin importar nuestros deseos o decisiones.

Sin pretender una injusta comparación con otros países, creo conveniente empezar haciendo mención a la OMS que en 2015 publicó una Declaración en la que condenaba, rotundamente, el maltrato físico, la humillación y la agresión verbal, LOS PROCEDIMIENTOS MÉDICOS COERCITIVOS O NO CONSENTIDOS, la falta de confidencialidad, EL HECHO DE NO OBTENER EL CONSENTIMIENTO PLENAMENTE INFORMADO, las graves violaciones de la intimidad, el abandono de las mujeres durante el parto que puede llevarles a sufrir complicaciones y amenazar su vida y la de sus bebés, etc (todo esto conforma lo que ya la ONU ha denominado VIOLENCIA OBSTÉTRICA). En esta declaración, la OMS también reconoció que ESE MALTRATO NO SOLO VIOLA EL DERECHO DE LAS MUJERES A UNA ATENCIÓN RESPETUOSA, SINO QUE TAMBIÉN PUEDE PONER EN PELIGRO SU DERECHO A LA VIDA, A LA SALUD, A SU INTEGRIDAD FÍSICA Y A NO SER OBJETO DE DISCRIMINACIÓN.

Dicho esto, habré al menos sembrado la duda: algo debe de estar pasando en cuanto a la atención hospitalaria en el parto como para que la OMS, principal organización de las Naciones Unidas en el ámbito de la salud, se haya pronunciado al respecto.

Pero para seguir “justificando” este artículo y por no remontarme a 20 años atrás, sino a eventos actuales es imprescindible traer aquí a colación el Informe de la Relatora Especial de la ONU [i], Drubravka Simonovic, acerca del maltrato y la violencia contra la mujer en los servicios de salud reproductiva, con especial hincapié en la atención del parto y la violencia obstétrica, del mes de Julio de este mismo año y que se hace eco de las dolorosas historias contadas por las mujeres en las comunicaciones que recibió y que han puesto de manifiesto el maltrato y la violencia que se da en estos servicios a nivel mundial. Por ejemplo, hace referencia a la inmovilización de las mujeres (qué es si no la obligatoriedad de permanecer acostadas dilatando o qué es si no el que te aten las manos para la cesárea). Y hace referencia expresa en su punto 24 a las situaciones que se dan en algunos países donde sus ordenamientos jurídicos hacen prevalecer el interés del feto sobre los de la mujer (lo que está pasando aquí con la judicialización de los partos) y cita textualmente la Relatora: «lo que da lugar a situaciones en las que, deliberadamente, no se consulta a las mujeres en lo referente a la decisión de parir o no al niño mediante cesárea». En el punto 25 hace mención a las episiotomías y su uso excesivo y su práctica sin obtener consentimiento. La dinámica del poder y el ABUSO de la doctrina de la necesidad médica en contraposición con la vulnerabilidad de la mujer que está pariendo produce un desequilibrio que lleva a la violación constante de derechos humanos que queda impune en la mayoría de las ocasiones

En la preparación de su Informe, la Relatora Especial de la ONU y la OMS organizaron una reunión con un grupo de expertos en Ginebra los días 25 y 26 de abril de este mismo año y se hizo un llamamiento a recibir aportaciones e información sobre las formas de maltrato, el consentimiento informado, los mecanismos de rendición de cuentas y ejemplos de respuestas nacionales a la violencia contra la mujer en el ámbito de la salud. Se recibieron más de 128 comunicaciones de Estados, ONG, instituciones independientes y miembros del mundo académico: todas constataban que A NIVEL MUNDIAL, SIN DISTINCIÓN DE EDAD, RAZA, POSICIÓN ECONÓMICA O SOCIAL O CUALQUIER OTRA VARIABILIDAD, LAS MUJERES Y NIÑAS EXPERIMENTAN, EN MUCHAS OCASIONES, MALTRATO DURANTE LA ATENCIÓN AL PARTO, MALTRATO MÁS QUE DOCUMENTADO POR LA OMS Y LA ONU A ESTAS ALTURAS DE 2019, y que no es objeto de debate o negación. De hecho, el primer paso para encontrar la solución es dejar de ocultar esta violencia, especialmente por cierto sector sanitario, con argumentos pseudomédicos y/o pseudocientíficos que a miradas no conocedoras de todos los detalles en cuanto a qué es un parto normal o qué derechos nos asisten como pacientes, pueden resultar creíbles y seguir haciendo crecer bulos y mentiras que a la vista está, no hacen más que causar violencia, maltrato y daños físicos y emocionales. Qué es un parto normal y qué derechos nos asisten como pacientes es un binomio que en este caso es irremediablemente inseparable. NO entendemos la dimensión del problema si no conocemos de ambas materias. Por ello, me resultan muy atrevidas las opiniones de quienes no tienen un mínimo de conocimiento de ambas cuestiones por separado e interrelacionadas.

“Este maltrato y violencia es una forma continuada de las violaciones que se producen en el contexto más amplio de la desigualdad estructural, la discriminación y el patriarcado, y también son consecuencia de una falta de educación y formación y de la falta de respeto a la igual condición de la mujer y de sus derechos humanos”, cito literalmente dicho Informe de la Relatora Especial de la ONU.

Y ahora sí, espero que quien esté leyendo atentamente este artículo tenga clara ya la idea de que los partos, a nivel mundial, no son respetados, y por ende, las niñas y las mujeres son violentadas y maltratadas en entornos sanitarios en muchísimas ocasiones con mayor o menor gravedad. Y espero que a estas alturas, siga interesando leer para entender qué puede estar pasando entonces para que incluso, determinadas órdenes o autorizaciones judiciales puedan someter a una mujer a una intervención quirúrgica mayor (cesárea) o una inducción al parto (riesgo para la vida de la mujer o su salud) sin escuchar su opinión (sólo a los/as sanitarios/as) y alegando un (supuesto) interés supremo (el del feto) o un riesgo para la salud del mismo (inexistente en la mayoría de las ocasiones, pero fácilmente defendible ante quien no tiene conocimientos sobre qué sea un parto normal, como decía antes).

Quiero ir concretando el fin del artículo explicando que voy a ceñirme a la violación de derechos más evidente pero también más controvertida, desconocida, mediatizada y demonizada que a día de hoy están sufriendo las mujeres durante su parto: la falta de consentimiento realmente informado sobre las actuaciones e intervenciones en su cuerpo y los límites de la actuación médica.

Y para ello hay que partir de un concepto: PARTO NORMAL (no hablamos aquí de partos de riesgo para los que evidentemente se requieren de intervenciones médicas, gineco-obstétricas, anestésicas en muchas ocasiones o de cualquier otra índole). Si no vamos a la base del problema, si siempre nos quedamos en la superficialidad de lo que nos rodea y nos cuentan, nunca encontraremos una solución o al menos, una salida. Así que, ¿qué es un parto normal y en qué momento podemos hablar de complicación del mismo o de maltrato, discriminación y/o violencia obstétrica?. Y aquí quiero hacer una aclaración: hablo desde la evidencia científica, arrojando datos que federaciones, asociaciones y la propia comunidad sanitaria ha aportado al mundo de la ciencia. Si no somos capaces de comprender qué es un parto normal y cómo funciona mal vamos, y esta obligación de conocimiento alcanza a mujeres, sanitarios/as y jueces/as (o magistrados/as) que se vean en la situación de tener que tomar una decisión en un momento concreto sobre un parto ajeno. Así mismo, no solo es necesario conocer estos extremos, sino también una parte importante del Derecho Sanitario y de los Derechos de los Pacientes, y esto especialmente vincula a cierto sector de sanitarios/as y jueces/as que tienen el poder de decidir sobre nuestros cuerpos a fuerza de silenciar, infantilizar y chantajear a las mujeres gracias a la complicidad de cierta parte de la sociedad que sigue condenando a muchas niñas y mujeres a pasar calvarios a la hora de parir.

Según el concepto (dado por la que se conocía como FAME [ii]), parto normal “es el proceso fisiológico único con el que la mujer finaliza su gestación a término, en el que están implicados factores psicológicos y socioculturales. Su inicio es espontáneo, se desarrolla y termina sin complicaciones, culmina con el nacimiento y no implica más intervención que el apoyo integral y respetuoso del mismo”

Es decir, el mejor parto (cuando es normal) es aquel donde la asistencia sanitaria permite la participación activa de la mujer, respeta sus decisiones y deseos, ofrece información real explicando de forma entendible los riesgos versus beneficios de cualquier intervención o actuación que se deba llevar a cabo sobre su cuerpo (por ejemplo, por qué es mejor usar la oxitocina sintética a esperar a que el feto descienda solo y cuáles son los riesgo de uso). El mejor parto es aquel que respeta profusamente el PLAN DE PARTO que la mujer ha elaborado, que no es más que un consentimiento informado previo al parto acerca de qué sí y qué no acepta la mujer en los momentos previos al parto, durante el mismo y el postparto. El mejor parto es el que se acompaña, se sostiene, se apoya y se respeta en cuanto a sus tiempos y su transcurso natural. Los partos normales NO SE INTERVIENEN POR MÉDICOS, SINO QUE SE ATIENDEN Y APOYAN POR ACOMPAÑANTES Y MATRONAS. Y solo así desecharemos la idea de que todo parto conlleva un acto médico porque el cuerpo de la mujer es una máquina, defectuosa en principio, que no puede o sabe parir y que la medicina tiene que manipular o arreglar para llegar a buen puerto. Podemos ver la Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud si sentimos curiosidad más acerca de todo esto que relato. Y hasta aquí esta primera parte de este artículo en el que he pretendido hacer ver que el problema de la violencia obstétrica existe, que la falta de consentimiento informado está ya condenada por la ONU y la OMS y que el concepto de parto normal y los derechos de los pacientes van íntimamente ligados en esta materia. En la segunda parte de mi artículo ahondaremos en la vertiente más legal de toda la problemática.

[i]. Véase https://saludmentalperinatal.es/wp-content/uploads/2019/09/A_74_137-ES.pdf

[ii] . Federación de Asociaciones de Matronas de España.

 

 

LA MUJER Y LOS DERECHOS EN SU PARTO (II)

      Como decía en la primera parte de mi artículo, la violencia obstétrica está constatada a nivel internacional, la falta de consentimiento informado veraz está ya condenada por la ONU y la OMS y el concepto de parto normal y derechos de los pacientes van íntimamente ligados y conforman un binomio inseparable en cuanto a dilucidar qué es abuso y qué no. Para tomar conciencia de todo esto y de qué intervenciones son las que se están llevando a cabo en España discrecionalmente, con riesgo real para la salud y la vida de la mujer y sin su consentimiento, y después de haber dejado vista en la primera parte de este artículo la preocupación de organismos internacionales al respecto, vamos a ilustrar aquí dos flagrantes casos de violación de derechos de la mujer en cuanto a la falta de información y obtención de consentimiento en el momento de su parto:

      USO DISCRECIONAL DE LA OXITOCINA SINTÉTICA. Usado para forzar contracciones, bajada de plano del feto, agilizar el parto o inducirlo y, normalmente, sin obtener consentimiento de la mujer. Y sobre todo, sin informar del riesgo que conlleva. La OMS concluye que NO se deduce claramente que el uso de oxitocina sea beneficioso para las mujeres y los bebés. Algunos de los más habituales y graves riesgos de su uso son: rotura de útero, hemorragia postparto, pérdida de bienestar fetal, mayor número y dolor en contracciones… y todo esto ¿a qué nos lleva?. Ante mayor dolor, más anestesia (también con sus correspondientes riesgos). Ante pérdida de bienestar fetal, parto instrumentado o cesárea (también con sus correspondientes riesgos). Ante rotura uterina o hemorragia materna, peligro para su vida. Es decir, una sola intervención como es el uso discrecional e innecesario de la oxitocina sintética, y que tan habitual es en nuestros hospitales, suponen toda una cascada de intervenciones posteriores que ponen una y otra vez en peligro a la mujer y al feto y que no han sido ni informadas ni consentidas. Con lo que se puede dar el caso de que quien finalmente realiza la cesárea está salvando dos vidas que previamente ha puesto en peligro innecesariamente, quedando como salvador el que en realidad es el verdugo. Por lo tanto, oxitocina sintética sí, pero siempre que sea estrictamente necesaria, según las necesidades del parto y la evidencia científica, y la mujer consienta PREVIAMENTE su uso tras haber obtenido una información real de los riesgos, beneficios y posibles alternativas. Y si no consiente en su uso, por no querer asumir los riesgos o por cualquier otra causa, no se le puede administrar.

      INDUCCIÓN AL PARTO O CESÁREA PROGRAMADA POR GESTACIÓN CRONOLOGICAMENTE PROLONGADA (GCP). Es decir, embarazo que sobrepasa las 42 semanas de duración. Como es cierto, e innegable, que existe una mayor probabilidad de ciertas complicaciones cuando esto ocurre (aspiración meconial, envejecimiento placentario, acidosis neonatal…) pues sin más, en España nos encontramos con una imposibilidad casi total para esperar tener un parto espontáneo si pasamos de las 41 semanas (gestación a término avanzada) en la mayoría de los hospitales. Sin embargo, lo que no se cuenta es que para gestaciones avanzadas o prolongadas existe lo que se denomina el MANEJO EXPECTANTE DEL EMBARAZO.[i] Apunto abajo enlace de unos esquemas muy gráficos al respecto. Las mujeres gestantes con rotura prematura de bolsa a término inician el trabajo de parto de forma espontánea en las primeras 24 horas en el 70% de los casos según la SEGO sin necesidad de ninguna intervención médica, y en el 60% de los casos según The National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Cierto, no todas las mujeres cursan en sus partos de la misma manera, y algunas no llegan a la RPM y, por ejemplo, acaban alcanzando las 42 semanas de gestación, como hemos dicho. Pero esto no significa que automáticamente se tenga que inducirlas o someterlas a intervención quirúrgica mayor (cesárea) porque haya un riesgo materno y/o fetal que supere a los riesgos de la inducción o de la cesárea. Y sin embargo, a día de hoy es un hecho: a las mujeres se las induce a parto por tener más de 41 semanas en muchos hospitales españoles sin ofrecer la alternativa del manejo expectante, sino haciendo uso de una información sesgada por parte de los/as sanitarios/as que cuentan solo la mitad de la versión de la historia y amedrantan a las mujeres con riesgos supremos que quedan rápidamente extinguidos con la inducción o la cesárea, sin alertar de los riesgos de éstas. Por lo tanto, como estas intervenciones conllevan unos riesgos iguales o superiores al hecho de esperar a que el parto se produzca espontáneamente, pues tiene que ser la mujer la que ha de decidir qué hacer tras informarla de los riesgos de todas las opciones: inducir, cesárea o controlar el bienestar fetal (manejo expectante) hasta ponerse de parto espontáneamente, y actuar o intervenir solo ante una complicación. El riesgo a correr ha de ser decidido por la mujer, siempre.

Pues bien, todos estos detalles médicos son muestras muy gráficas de lo que está pasando en España. Se juega con el desconocimiento de las mujeres, se las infantiliza y se las coacciona o chantajea con posibles riesgos para el feto sin informar de otras alternativas. De hecho, por ejemplo, los protocolos de la mayoría de los hospitales españoles indican que ante una GCP es la mujer la que ha de decidir si proceder a la inducción o en cambio, permanecer en manejo expectante, ya que ambas situaciones suponen mayores o menores riesgos para ella y el bebé solo asumibles por la mujer. Sin embargo, esta información se les oculta siempre, y no solo a ellas, sino que se ha dado ya el caso de que se ha ocultado incluso a nivel judicial para, en beneficio de los/as sanitarios/as, obtener autorizaciones judiciales para inducir o intervenir por cesárea, con un transfondo oscuro donde acampan a sus anchas el abuso de poder y la doctrina de la necesidad médica.

Margarita Boladeras explica todo esto infinitamente mejor que yo en Bioética de la Maternidad[ii]. Puede parecer que las mujeres gestantes están muy bien atendidas y que sus necesidades están cubiertas de manera profesional y sin problemas. Pero ante un mínimo análisis más detallado, solo analizando cada intervención discrecional que se realiza y cada información que se da a las mujeres, quedan expuestas claramente las múltiples deficiencias y la cantidad de malas prácticas que se dan en nuestros sistemas de atención al parto. A las mujeres se nos adoctrina desde el mismo momento en que obtenemos un test positivo de embarazo, por ejemplo en cuanto a qué comer y qué no, en cuánto a cuándo sí y cuándo no hemos de estar de baja laboral estandarizando cada embarazo como si fuéramos relojes, se nos “invita” a sufrir intervenciones cuando realmente se nos está metiendo miedo, “coaccionando” o amedrantando con unos riesgos y unas responsabilidades que no son tal.

Queda claro que en el caso de las gestantes, igual que en todo tipo de asistencia sanitaria, hay que tener en cuenta a la persona y su situación concreta, y debe ser tratada de acuerdo con sus intereses y sus derechos. Ello implica que ha de poder tomar sus propias decisiones y que para ello ha de ser informada y asesorada de manera suficiente y precisa. El reconocimiento de su capacidad de autonomía es el primer paso que tiene que dar todo profesional para hacer efectivo UN DERECHO LEGAL DE TODO CIUDADANO.

La DECLARACIÓN UNIVERSAL SOBRE BIÉTICA Y DERECHOS HUMANOS DE LA UNESCO DE 2005[iii] reafirma la importancia fundamental del principio de RESPETO A LA AUTONOMÍA PERSONAL y destaca la obligación del CONSENTIMIENTO INFORMADO para la realización de aquel principio.

Por otro lado, tenemos que defender ALTO Y CLARO que para proteger la vida de una persona no se puede poner en peligro la de otra, es decir, no podemos sacarle el hígado a un padre para dárselo a su hijo que lo necesita, no podemos inducir al parto a una mujer sin su consentimiento con los riesgos que supone para su salud y su vida (ya explicados anteriormente) para salvar la vida del no nacido. Esto por todos y todas debe ser entendido de una vez. El no nacido o nasciturus, según nuestro ordenamiento jurídico no tiene los derechos que las últimas decisiones judiciales les están otorgando en relación a su parto, y en todo caso se trata de derechos en otras materias, no desde luego derechos que se puedan anteponer a la vida de quien lo está gestando, con el único fin de seguir manteniendo sumisas a las mujeres y no hacer tambalear el poder adquirido de cierto sector de la comunidad sanitaria que se olvida de que su función es de prestador de salud, no de prestador de riesgos.

Habrá quien se pregunte que entonces por qué los Juzgados autorizan estas intervenciones en las mujeres que están pariendo si no es legal, pues muy claro: desconocimiento total sobre cómo funciona un parto (ya he dicho antes que una cosa no se entiende sin la otra), falta de contradicción porque acaban oyendo solo a los profesionales que se aventuran a solicitar la autorización (sanitarios/as que por otra parte ocultan información y la mayoría de las veces vician la decisión judicial), desconocimiento de la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica (no hay en todo el temario de Judicatura un solo tema dedicado a la materia en cuanto a seguridad y derechos del paciente) y que en sus artículos 4, 7, 8 y 9[iv] reconoce el derecho de TODO PACIENTE a recibir una información real y completa, a decidir entre las alternativas disponibles así como el derecho a rechazar tratamientos e intervenciones sobre su propio cuerpo. Esta Ley de Autonomía del Paciente NO EXCEPTÚA DE LA OBLIGACIÓN DE OBTENER EL CONSENTIMIENTO INFORMADO DE LAS MUJERES EMBARAZADAS QUE ESTÁN PARIENDO, porque no están incapacitadas judicialmente, no son menores que no puedan discernir, o no están al borde la muerte y requieran de actuación urgente, y han de tener, como todo paciente, control absoluto sobre su cuerpo, su salud, su integridad física y psíquica y por supuesto, su vida. Nuestro TS ya ha sido claro al respecto en diversas sentencias: para cualquier intervención médica que se quiera hacer sobre el cuerpo de la mujer que está pariendo, se ha de obtener su consentimiento informado como en cualquier otro supuesto médico. Consentimiento que por lo general puede ser verbal para tratamientos de poco riesgo pero que para una intervención quirúrgica, como es una cesárea, ha de constar por escrito.

Intervenir un parto discrecional e innecesariamente o inducirlo, es poner en riesgo la vida de la mujer por salvar otra vida que aún no ha adquirido la personalidad que muchos y muchas quieren otorgarle. Por mucho que humana o éticamente nos resulte complicado entenderlo, la realidad es que en muchos países es impensable aplicar la normativa de protección de menores a un no nacido pasando por encima de la salud y de la vida de la mujer. De todo esto, son conocedoras ya muchas mujeres que se informan acerca de qué supone un parto, cómo funciona, qué requiere, lo diferente que puede llegar a ser en comparación con el parto de otra mujer y de las complicaciones causadas por intervenciones médicas innecesarias, y por ello, muchas (demonizadas hasta la saciedad por medios y cierta parte de la sociedad) hacen uso de su DERECHO O PRÁCTICA RECONOCIDA OFICIALMENTE como es el parto en casa, que recordamos, siendo normal y cumpliendo con las exigencias de cuidado y manejo establecidas, es igual de seguro que un parto hospitalario, aunque no sea prestación sanitaria del Sistema Nacional de Salud, sino que ha de costearse de forma particular, a diferencia de otros Estados como Reino Unido o Alemania, por ejemplo, pero esto da para otro artículo.

Volviendo al tema del artículo, y por ir acabando, resumir pues, que tanto CE como Ley de Autonomía del Paciente obligan a que cualquier intervención sobre la mujer gestante o que está pariendo ha de ser informada verazmente en cuanto a su necesidad y en cuanto a riesgos, beneficios y posibles alternativas terapéuticas, y obtener siempre el CONSENTIMIENTO de la mujer bien sea verbal para algunas intervenciones, bien sea por escrito, para otras. Así mismo, respetar el absoluto y supremo derecho al rechazo de dichas intervenciones sea por la causa que sea, como si de cualquier otro paciente se tratara. Todo esto, como decía anteriormente, atendiendo a nuestra CE, nuestra normativa sanitaria interna (principalmente Ley de Autonomía del paciente) y tratados, normativas, recomendaciones e informes internacionales que vinculan a España.

Y es muy importante generar conciencia en positivo puesto que ante un riesgo real para madre o bebé, explicado con veracidad e informado de manera precisa, ninguna mujer va a dejar de prestar su consentimiento a la intervención requerida.

El consentimiento informado es el instrumento idóneo para establecer la comunicación y consensuar el tratamiento que requiere la mujer, tras ofrecerle la información necesaria. No debe confundirse con los formularios no explicados y meramente defensivos para el profesional. En los últimos años, se ha venido introduciendo en España, como ya está instaurado en otros países vecinos, el llamado Plan de Parto que antes comenté, y que todos/as los/as profesionales están obligados/as a respetar ya que, como expresa el Plan de Parto y Nacimiento y Estrategia de atención al parto normal del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad de 2011, ES EL DOCUMENTO EN EL QUE LA MUJER PUEDE EXPRESAR SUS PREFERENCIAS, NECESIDADES, DESEOS Y EXPECTATIVAS SOBRE EL PROCESO DEL PARTO Y EL NACIMIENTO. DISPONER DE ESTA INFORMACIÓN DEBERÍA VERSE COMO UNA GRAN AYUDA PARA EL EQUIPO PROFESIONAL.

Y después de todo este artículo, espero haber aclarado un poco cuál es la razón por la que el paternalismo y el abuso de poder hacen que no se estén cumpliendo con los deberes ético-médicos, con obligaciones legales y con el derecho a la autonomía del paciente concretado en la persona de la mujer pariendo. La falta de conocimiento sobre qué sea un parto normal y cómo puede evolucionar en relación con los derechos de los pacientes, es la baza que algunos/as sanitarios/as manejan para seguir haciendo uso de su poder como prestadores de un servicio, para seguir faltando a la verdad a la hora de obtener órdenes o autorizaciones judiciales con el fin de imponer su autoridad y su criterio sobre las decisiones de las mujeres, y a la postre, para seguir actuando discrecional y arbitrariamente pasando por encima de la mujer, de su dignidad, de su intimidad, de su confidencialidad, de su salud, de su integridad física y psíquica e incluso, sobre su vida.

Mientras no exista una comunicación real entre médico-mujer y la seguridad de la misma como paciente se convierta en el eje central de la calidad asistencial a la que tiene derecho durante su parto, seguiremos primando el status sanitario intocable a la autonomía de la mujer, muy por encima de aquél sobre el papel y la ley. Mientras no entendamos que la actuación médica finaliza justo allí donde y cuando la mujer dice NO, seguiremos danzando en la misma pista en la que lo hemos hecho a lo largo de toda la Historia de la Humanidad: el patriarcado y la opresión que éste acarrea para las niñas y mujeres, mucho más acentuada en todo lo referente a sus derechos sexuales y reproductivos.

 

[i]. Véase https://www.ontariomidwives.ca/sites/default/files/2017-06/Postdates-pregnancy-Spanish.pdf

[ii]. Bioética de la maternidad. Humanización, comunicación y entorno sanitario. Margarita BOLADERAS CUCURELLA & Josefina GOBERNA TRICAS (coords.). 2017.

[iii]. Portal de la UNESCO

[iv] https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2002-22188

 

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